Por Omar Altamar Santodomingo

El miedo es el sentimiento más sensible para controlar al ser humano. Cuando este miedo se involucra con las redes sociales como vehículo para transportar masivamente información sin validar, sensibiliza el sistema básico de reacción instintiva de las personas para condicionar sus respuestas al antojo de los interesados.

 El médico neurólogo Paul Mclean  ha comprobado a través de diversas investigaciones, que el ser humano tienen tres cerebros: el reptiliano (supervivencia inmediata), el límbico (emociones) y el neocortéx (razonamientos), los cuales procesan la realidad en forma independiente. Cada uno posee su propia inteligencia, su propia subjetividad, sus propios objetivos y sus intereses compiten entre sí. Esta condición constituye la piedra angular que soporta los postulados del Neuromarketing de acuerdo a la opinión de Peter Drucker, quien considera que “el objetivo principal del Neuromarketing es decodificar los procesos que forman parte de la mente del consumidor, de manera que podamos descubrir sus deseos, ambiciones y causas que no vemos en sus opciones de compra. De esta forma podremos darles lo que necesitan.

La reacción del cerebro al miedo es más rápida y violenta que cualquier decisión consciente.

Teniendo en cuenta que cerca del 95% de las decisiones no las toma la razón, sino el instinto (cerebro Reptiliano) y la emoción (cerebro límbico) se puede inferir  que por mucha claridad que una persona tenga sobre sus necesidades o conceptos sociales, siempre habrá espacio para que diversos estímulos sensoriales activen su cerebro y cambien el rumbo de las acciones que pueda tomar de acuerdo con el sentimiento que se estimule, ya sean sentimientos negativos como: tristeza, miedo, hostilidad, frustración, ira, desesperanza, culpa, celos; o sentimientos positivos:, felicidad, humor, alegría, amor, gratitud, esperanza.

La psicóloga social Jennifer Lerner, citada por Juan Ricardo Ortega en última edición de la Revista Dinero, ha demostrado cómo el miedo nos vuelve vulnerables y nos paraliza. El miedo controla los patrones de comportamiento, tiene costos altos, ya que frena decisiones sobre inversión o conduce a la toma de decisiones equivocadas. Adicionalmente, nos contagia de una crónica enfermedad psicosómatica que conlleva a aferrarnos, precisamente a su causante: Las redes sociales.

Las redes sociales las tomamos como un paliativo que nos alivie los síntomas del miedo, sin darnos cuenta que estamos enredados en un círculo vicioso en el que causa y efecto son mutantes entre si. Y en lugar de encontrar tranquilidad, se exacerba el odio en contra de eso que consideramos que nos amenaza, haciéndonos más sensibles y manipulables.

A través de este blog realizó un llamado a académicos, empresarios, dirigentes gremiales y líderes sociales, entre otros porque es el momento de cerrar filas en torno a la tranquilidad de Colombia.

El ambiente está enrarecido por  diversas causas endógenas y exógenas: el índice de desigualdad más alto de la región (índice de Gini de 0,47); la paradoja incomprensible hasta para los expertos, relacionada con el crecimiento económico de 3,5%, cifra por encima del promedio de la región que en 2019 sólo reportará un crecimiento de 0,2%, pero con la segunda tasa de desempleo más alta de América Latina y 3,6 puntos porcentuales por encima del promedio regional; las amenazas reales o irreales sobre reforma laboral y reforma pensional, la propuesta de algunos sectores sobre salario diferencial por regiones, y lo que es peor, la agitación incendiaría que ocupa la agenda de la región, que aunque tienen distintos motivos, ha generado mucha sensibilidad en nuestro país.

Es hora de parar…. el manejo irresponsable de la información, de manipular la sensibilidad de la gente y la nefasta polarización.