Por Omar Altamar Santodomingo

La final de la reciente Copa Centenario dejó un doble sin sabor a los argentinos: la pérdida del campeonato y el anuncio de Lionel Messi de retirarse de la selección; qué diferencia con aquellos tiempos en los que ese mismo  Messi, hoy dolido y cabizbajo, ganó la Liga de España, la Copa del Rey y la Liga de Campeones de Europa con el Barcelona.

Estas dos circunstancias representan para el país suramericano, insigne del fútbol, un  gran golpe para su orgullo, pero aún más, una situación preocupante para los patrocinadores del equipo albiceleste, que pasaron de gozar de una felicidad histórica a padecer una histeria generada por su decisión.

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Según el portal deportivo Lusport, patrocinadores de la selección como Quilmes, Coca-Cola, ICBC, Tarjeta Naranja, Claro, SanCor Seguros aportan alrededor de 2 millones de dólares al año cada uno y los proveedores oficiales (Prevención ART, Easy, Aerolíneas Argentina, Gillette, Ariel, Head & Shoulders y Noblex) desembolsan casi 1 millón de dólares por año, cada uno.

Y en los partidos amistosos que la selección juega cobra entre un millón y un millón y medio de dólares. Si juega Messi ese precio se puede elevar hasta medio millón más, sostiene el  portal especializado.

La imagen de este jugador, de 29 años, que cuando habla apenas se le siente la voz, representa alrededor de 65 millones de euros al año aproximadamente: 37 millones de fichaje, por publicidad percibe 28 millones, mantiene contratos con: Adidas, FIFA 15, Pepsi, Lays, Gillette, ooredoo, Audemars, Head&Shoulders, Samsung, Turkish Airlines y Space Scoote. A este se le suma el de la Huawei por 15 millones de dólares durante tres años. Todo es manejado por su propia empresa de imagen llamada: Leo Messi Management.

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La decisión  del niño de oro del balompié del mundo, tras la botada del tiro penalti, en la final de la Copa Centenario, que dejó en segundo lugar al equipo albiceleste, parece una estrategia construida por los marketeros,  que ven una
oportunidad  de incrementar la productividad económica de este símbolo del marketing moderno.

Y es que estos beneficios van a subir más  que esa pelota lanzada desde el punto penal por el astro del fútbol argentino, en un momento desafortunado de su carrera futbolística. Porque a Messi a sus 29 años todavía le hacen falta balones que patear y campeonatos en los que participar.

El clamor de los niños, enfermos terminales y profesoras de colegios que han movido las redes sociales para pedirle al favorito de la cancha que recapacite,  son el combustible ideal para esta estrategia, que ya tiene tientes de “prefabricada” y que se va a convertir en muchos millones de euros para los sponsors y equipos cuando el “niño” regrese a la cancha y llene estadios a reventar.

“Después que Argentina perdiera la final de la copa bajó el 70%  la compra de camisetas en toda #Argentina y parte de América. Adidas se dio cuenta del impacto que le causó al mundo que Messi se haya retirado de la selección y  agarró todas s camisas y tan solo le colocó debajo del número # NO TE VAYAS LIO y hoy es la camiseta más vendida en toda Argentina y toda América. Unos genios del mercadeo. Lo que no emociona,  no vende”, afirmó en su cuenta de Facebook, Jurgen  Klaric.

Hoy, cuando se le suma un capítulo emotivo más a esta dramática historia, relacionada con la condena  decretada  por un juez contra Lionel Messi y su padre Jorge Horacio, a pagar 21 meses de prisión por no haber tributado en España los ingresos percibidos por sus derechos de imagen durante los años 2007, 2008  y 2009,  se evidencia una vez más, la fortaleza de este joven, que parece haber extraído las condiciones fisiológicas positivas de las personas que sufren el síndrome de Asperger, esas que les permite imponer sus propias reglas cuando juegan con sus pares y que no les interesa entender las reglas implícitas del juego que practican los demás. Esas  que pocos perciben pero que ellos disfrutan al punto de convertirlos en seres extraordinariamente admirables  esas, que en su caso particular, le llevan a ignorar  ser comparado con las leyendas como Pelé y Maradona, sino que sigue construyendo la imagen que lo convertirá en un ser mitológico en el futuro, esas que los hacen tan diferentes, que el próximo siglo, nadie sabrá si realmente existió o es el invento virtual de una generación caracterizada por la tecnología y las comunicaciones.